Registrese a nuestro sitio


Recibirás una contraseña en este e-mail.

dreaming

EL BANQUETE

s


“Regocijémonos y alegrémonos (…) porque las bodas del Cordero han llegado y su Esposa se ha preparado.”

Apocalipsis 19: 5

                 Hace cierto tiempo tuve un sueño.

De pronto, había sido transportada a los Cielos.  Frente a mí, más allá del bosque de robles en el que me hallaba, se levantaba un gran palacio iluminado.  Atrapada por  un íntimo goce y mi típica curiosidad, impulsada hacia esa luz y  alejada de la vista de todos, atravesé  los inmensos parques decidida a contemplar la escena de cerca y, tal vez, hasta espiar lo  que transcurría dentro de la mansión.  Me deslicé silenciosamente entre los jardines de grava, colmados  de  flores desconocidas, y aprovechando la sombra perfumada y extraña de una hora similar al crepúsculo –aunque sé bien que no lo era- alcancé una breve escalinata que daba a una pequeña terraza.  Cautelosamente me acerqué a los cristales resplandecientes de un balcón inmenso y pude ver con claridad qué ocurría puertas adentro.

Un mundo de gente –hombres y mujeres jóvenes, y también ángeles- animosos y diligentes, con manos ligeras aprestaban manteles blancos y  alisaban sus últimos  pliegues acomodándolo todo: por aquí se repasaban cristales, más allá se pulían los mínimos brillos de la platería; se disponían los sitios con una delicada porcelana que jamás he visto; exquisitos candiles y las más preciosas flores marcaban los puestos…  Una música salida no sé de dónde se superponía al leve murmullo que acompañaba la visión  y todo era un júbilo y una alegría, un ámbito de preparativos y expectativas propios de una gran fiesta.

Alguien se acercó a mí y su aura me envolvió en un clima de confianza e intimidad, por lo que me animé a preguntarle qué se celebraba.  Mi interlocutor, un ser cuya presencia me transmitía –ahora lo sé- un gran bienestar y una inequívoca sensación de quietud, me explicó que aquellos eran los preparativos para la gran Cena de los Siglos.  “¡Las Bodas del Cordero!”- cavilé inmediatamente, y, antes de pronunciar yo palabra, como leyendo mis pensamientos mi escucha respondió: “¡Sí, estamos preparándolo todo para el gran banquete de  las Bodas del Cordero!”.  Pensé entonces que el acontecimiento estaba mucho más próximo de lo que  había imaginado.  “Así es –me dijo- todo está dispuesto.  Sólo falta que llegue la Esposa”.

La noticia me sobresaltó, y a decir verdad hasta  consideré el asunto con cierta preocupación, pues  tenía algunas cuestiones terrenales que despachar antes del festejo.  Nunca hubiera esperado que el fin de los tiempos estuviera tan cerca.  “Pero no temas, amada. Aunque falta muy poco – continuó diciendo-  aún tienes que esperar.  Debes  regresar.  A su debido momento serás llamada pues bien sabes que también estás invitada a la gran celebración.”

Los detalles de la visión me abrumaban.  Quedé anonadada.  Procuré guardar en mis retinas todos los detalles del  acontecimiento. Sin embargo, un cierto alivio empujaba la honda desilusión que me produjeron sus palabras.  Fue entonces cuando comprendí que ya no tenía más remedio que emprender el regreso a éste, mi mundo habitual.

Desde entonces, mis días ya no se parecen a los de ayer.  Algo ha cambiado para siempre en mi interior: las tribulaciones de esta vida son ahora  leves, banales y fugaces pues  las luces de aquella gloria todavía me encandilan y han puesto una  esperanza más viva en mi corazón.

A mis lectores, en estas fechas entrañables,

porque cruzando el revés del cielo, sin duda, hay algo más.

 ¡Muchas felicidades para todos!

Artículos relacionados

1 Comment + Add Comment

  • exelente Estela Dios te siga usando.

Leave a comment